PABLO GAGO


Pablo Gago, el pintor maldito de León

El precursor del arte abstracto en España, amigo de Picasso, Tápies y Saura, compañero de Miguel Narros y ganador de un Goya a la mejor escenografía, continúa a sus 85 años siendo un desconocido en su tierra.

verónica viñas | león 29/07/2012


Posee todos los estigmas de los artistas malditos. Con sólo 20 años expuso en París junto a Dalí, Picasso, Tàpies y Miró. Amigo de los hermanos Saura —Carlos, el cineasta; y Antonio, el pintor—, a sus 85 años Pablo Gago Montilla, ganador de un Goya a la mejor escenografía, es un perfecto desconocido en su tierra, León. Los manuales académicos le reconocen haber sido el precursor del arte abstracto en España, en un momento en el que los artistas de vanguardia abrazaban el surrealismo. Se codeó con los artistas más destacados del siglo XX, como los creadores de los movimientos El Paso y Dau al Set.


Gago, arquitecto de formación, estudió también cine con Carlos Saura y teatro junto al gran Miguel Narros, con el que incluso llegó a formar una compañía. Su pecado ha sido su ingente obra: más de 25.000 cuadros; muchos destinados a decorar habitaciones de hotel. Su vida es aún más singular que su obra. Y la cuenta sin arrepentimientos ni nostalgias. Da la sensación de que apenas hizo planes, como si las circunstancias se hubieran confabulado para que se embarcara en los más extraños proyectos, como el diseño del Talgo pendular.


Nació en la calle Ordoño II en 1926. A los diez años tuvo que salir precipitadamente con su familia hacia Toledo tras el estallido de la Guerra Civil, aunque concluida la contienda regresa a León. Recuerda que de niño sus padres le llevaban a la Catedral y que la luz de las vidrieras le fascinó de tal forma que los colores y el juego de luces que producen los vitrales los intentó recrear con sus pinturas. Aquellas manchas con las que llenaba cuartillas fueron el origen del arte abstracto. Para él, la pintura es una peripecia. «Un cuadro es una aventura. A veces las aventuras son bellas. Busco la aventura, no la belleza», afirma.

Más sobre el artista

Un precursor del arte
En 1946 Gago aterriza en París con una beca y expone con los grandes del siglo XX. Ya es un pintor abstracto. Ese año, cuando el artista leonés exhibe una forma de entender el arte que por entonces sólo era lo opuesto a lo figurativo, otros grandes daban los primeros pasos hacia el arte abstracto, como Hoffmann, que también en 1946 comienza a alumbrar sus abstracciones pull and push (tirar y empujar), al igual que Pollock, embarcado en las pinturas dripping, o Kooning, que por entonces pinta abstracciones en blanco y negro.
Entre 1950 y 1970, como dicen sus biógrafos, alternó su dedicación abstracta con la creación de pinturas figurativas «de muy alta calidad y no tan alta adecuación al espíritu de la época». Y se adelantó también al hiperrealismo.
Gago define su pintura como «la verdad inventada en la superficie del cuadro. Lo rotundo, sin grito». Sobre él ha escrito Antonio Saura: «El mundo que nos ha representado Gago es una cristalización blanda, en la cual las espigas y los polígonos han depositado sus sombras, viviendo ellas en un mundo propio. En el interior de las uñas las explosiones de aristas suceden a las órbitas vacías de los cráneos».
La arquitectura le llevó a la escenografía y ésta al teatro. Se jubiló de la televisión, pero no de la pintura. De hecho, actualmente está preparando una exposición que inaugurará en Biarritz. Pese a que en León su nombre es el de un perfecto desconocido, Gago, afincado en Madrid, regresa puntualmente a su ciudad «al menos, una vez al año».
Confiesa que le horroriza el Musac -también como edificio- y que le encanta, en cambio, el Patio Herreriano de Valladolid, donde ahora se veneran artistas que él conoció cuando empezaban y a los que no habría aceptado exponer ningún museo de la época. Él, definitivamente, es el pintor maldito de León..

 

 

Cuando un pintor, alguien que se sabe pintor, que decide ser pintor y comienza la vida con necesarios, sucesivos, otros caminos, que no de la pintura, se necesita tenacidad, cabezonería y obsesión; para mantener el rumbo que quizás aún niño, prefirió. por eso, ante la oportunidad de, a mis ochenta y cinco años, de hablar de mi pintura, de mis cuadros, de papeles que, a veces, fueron encontrados en la calle, para dibujar y pensar en los cuadros, que podrían ser pintados, tengo la necesidad de abstraerme de otras muchas circunstancias que impidieron, el lógico camino, de un pintor al que se reconoce su obra. otros días, no hoy, hablaré de cómo fue haciéndose mi pintura, a través de vicisitudes, que en principio no quisiera contar.

 

 

Pablo Gago Montilla (León 1926), o lo que es lo mismo, Gago Pintor, es, sin lugar a dudas, el pionero de la pintura abstracta en España, con la que sigue ocupado desde 1946, y a la que se enfrenta cada día como a una aventura particular, para explicarse a sí mismo y explicar su
mundo. Este mundo comienza cuando contempla las vidrieras de la catedral de León: sus colores traspasan el límite de la línea, invaden el interior oscuro y crean un ambiente tan abstracto y cálido como la luz.

Al comienzo de los años 50 Gago se va a París como becario del Instituto francés de Bellas Artes, donde estudia con el cubista Lhòthe y se aproxima al grupo Space. Durante esta etapa comparte exposiciones con otros pintores: Jeunes peintres de la boheme en Paris, 1951, y junto con Miró, Picasso, Tapies, Calder, Saura, Oteiza y otros, está presente en la Exposición de arte fantástico en Madrid, 1953.

Después vinieron otras exposiciones individuales y colectivas en París, Madrid, Barcelona y México. En este tiempo, las pinturas de Gago son el cuadro-muro, pero la atracción por el espacio, el alcanzar la otra dimensión sin salirse de la tela es su reto. Consigue romper el muro cromático con profundas fallas negras, que indican una tela rota que no es tal. La materia pictórica, de la que nunca se aparta, indica volúmenes donde la luz, la sombra, el refl ejo y las sombras proyectadas son los únicos protagonistas, actualizando, si cabe, la pintura de muchos de sus contemporáneos.

Gago, como artista completo, también ha investigado, junto con arquitectos, sobre la adecuación del hábitat, participó en el diseño del tren Talgo, ha hecho murales y esculturas, y ha proyectado escenografía para teatro, ballet, ópera y cine. De hecho, en 1996, fue premio Goya.

En su labor docente, destaca como profesor en la Escuela de Bellas Artes, en la Real Escuela de Arte Dramático, en la Escuela Ofi cial de Cinematografía y en el Columbia College Panamericano de México.

Sus cuadros fi guran entre las más importantes colecciones de arte de España, EEUU, México, Alemania y Francia. Y su obra está presente en el Museo Internacional de Arte Abstracto, en el Museo Nacional del Teatro, en la Fundación Juan March, en el Museo Carrillo Gil de México y en el
Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.

En los últimos años su fertilidad creativa le ha llevado a adentrarse en el tema social de los desheredados urbanos y en el paisaje esquematizado, sugerido, a los que accede mediante una figuración expresionista. Y, por supuesto, la abstracción, siempre presente en las series Hojas y Menhires, cuadros de pequeño formato, de fondo negro sobre el que aparece un interior luminoso, hojas-luz, que permiten un juego que une armoniosamente toda la vida y la obra de un hombre para el que el que el acto de pintar es ni más ni menos que un acto de vida.

 

Tiendo a la forma grande porque no se presta a lo equívoco. Expresión sencilla del pensamiento complejo. Lo rotundo. Sin grito. La verdad inventada en la superficie del cuadro. Con los medios del color y su consecuencia de forma. Esto es mi pintura.
Creo que el arte tiende a ser la expresión de la esencia de la existencia. El conocimiento de la existencia no es arte, sino ciencia. El arte lo inventa el hombre, como otro lenguaje, para aproximarse más a la explicaciónde sí mismo y de su mundo.
Cuando pinto, cuido de conservarme, entregándome. Sólo conservo la vida. Doy todo lo demás que soy entonces.
Un cuadro es una aventura. A veces las aventuras son bellas. Busco la aventura, no la belleza. Las aventuras pueden tener etapas. Pero la etapa ha de ser completa. Etapa igual a cuadro. Investigar lo desconocido.
Y seguir, y decirlo."
Pablo Gago, 1977

 

Gago lleva más de sesenta años trabajando dentro de la abstracción a través de la luz, la sombra, el reflejo y la sombra proyectada, creando una plasticidad muy acorde con todas las vanguardias artísticas actuales.

Es nuestro deber, pues, mostrarle la verdad de su pintura, la esencia de una obra atemática, suave y dramática, llamativa y delicada, dotada de un prodigioso carácter expresivo que hace solemnes incluso los espacios más breves.

Colecciones como la Fundación Joan March (Madrid), el Museo Nacional del Teatro (Almagro), el Museo Carrillo Gil de México o el Museo Contemporáneo de Madrid, ya poseen obras de este incansable artista, es por esto que le ofrecemos la oportunidad de que los cuadros de Gago formen ahora parte de su colección.